Tips para no dormirte mientras meditas

A simple vista, ¿quién podría negar que meditar suena muy aburrido? En pocas palabras consiste en permanecer atentos a nuestra respiración, mientras mantenemos una postura adecuada, durante un período de tiempo de varios minutos.

En el mundo actual cargado de estímulos, de “notificaciones”, donde estamos cerca y a la vez lejos de todos, suena una tarea imposible o cuando menos sin sentido, permanecer en observación de nuestro interior. La mente por lógica se defenderá, te dirá: “tengo que hacer algo útil”. Entonces, uno de los mecanismos aplicados es el sueño: te duermes antes de completar tu tiempo programado de meditación formal.

Es de vital importancia diferenciar el estado en el que el aburrimiento lleva a dormirnos, a cuando sentimos sueño por una falta de correcto descanso. 
Con las urgencias y el estrés diario reinando en nuestro cuerpo, ya se toma como algo normal y necesario reducir las horas de sueño por debajo del mínimo saludable.

No sólo la cantidad de horas sino la calidad influyen: puedes dormir lo suficiente y aun así estar cansado. La exposición a la luz solar durante el día, la oscuridad por la noche, la alimentación sana y sin estimulantes (café por ejemplo) son factores que mejoran (o empeoran en su defecto) la capacidad del cuerpo de descansar.

En caso que esto te ocurriera no te preocupes ni castigues. Justamente la práctica continua de la meditación pretende lograr una estado de total aceptación de la situación en que vivimos el ahora, tanto de los hechos internos y externos. Si tu cuerpo necesita el descanso, escúchalo y dáselo.
Será conveniente reflexionar sobre el uso que le das a tu tiempo, y reconocer la importancia de dormir lo necesario, como así también estudiar formas de mejorar tu alimentación diaria.

Si ocurre que nuestro nivel de sueño y descanso es correcto, o aceptable cuando menos, lo que experimentamos al dormirnos es un producto del aburrimiento. No hemos logrado aún conectarnos con la experiencia.

Puede serte de utilidad cambar el horario en el que practicas. Algunos lo hacen bien temprano a la mañana, que es cuando están con su nivel de motivación y voluntad en su máximo punto, mientras que a otras personas meditar apenas se despiertan es una invitación a continuar con el sueño que venían teniendo…

Quienes practican por la noche, aprovechan el nivel de energía gastado durante el día para encontrar comodidad en la postura, y a la vez logran un sueño profundo gracias a la relajación corporal y mental lograda. Pero también están quienes no pueden mantenerse despiertos al final del día, y no les es conveniente.
Experimenta cual es la mejor opción para ti.

Mientras estás en la postura, también puedes abrir los ojos un poco para salir de los primeros estados del sueño, esto evitará que caigas más profundo.
O por el contrario puedes tomar una actitud curiosa por estas sensaciones del sueño en tu cuerpo, examinarte y conocer los efectos del proceso de dormirte. Puede ser complicado pero merece la pena intentarlo.

Otro tip que puedes tener en cuenta es realizar respiraciones profundas y lentas. El oxígeno provisto sumado al movimiento corporal producido puede tener efecto positivo.

Se consciente de la importancia de mantenerte atento, alerta. Como siempre decimos, lo más importante es no desanimarse, y continuar intentando.
Toma este hecho como una oportunidad para practicar la aceptación, a no juzgar tu estado, a ver la realidad tal cual es.
Es la aceptación plena del momento lo que da la sabiduría para tomar las decisiones correctas.

Un poco de humor para terminar 🙂

 

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